un tornado de terciopelo me envuelve
y me mancha de perfume dulce
que no huele.

respiro lo que puedo
respiro como puedo.

transpiro seda que me ata las manos
que crece en lazos que me atan los pies
que se pegan a mis pestañas y me cierran los ojos.

a la fuerza me obligan a soñar
y no me resisto.

espero a que el tornado se deshaga solo
y me deje revoluciones
en la sensibilidad.  

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centella enceguecedora
de maremotos eléctricos
y el alimento de la furia
que crece
mientras la lluvia
rendida a nuestros pies
se disuelve irasible
contagiando sensaciones
al cuerpo.

¿qué pasará si el temblor,
(esa angustia que decrece)
se seca por completo?

nos quedaremos tiesos
inmóviles del alma
petrificados
buscando una explicación
que nos redima
y nos calme,
que de noche venga
y nos acaricie.

fantasmas
asustados de sí mismos
nada tienen por perder.

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admiro la quietud del cielo.

cuando las estrellas se extinguen
igual percibimos su luz
y las vemos
con los ojos despiertos
y la mirada sensible.

las creemos reales
y las contemplamos post mortum
las sentimos bellas
(más que nunca)
(más que siempre)

algunas (inusualmente bellas)
irradian más luz que lo habitual.
nos conmocionan y concentran
hasta el punto en el que podemos
apagar con la cabeza
la luz de la ciudad.

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 _”te amo
morite
quiero vivir con vos
tengamos hijos
andá al psiquiatra
no quiero verte mas
me enamore del florero y no me hace bien verte”_ 

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desencanto
gravito menos denso
y sueño
aunque no floto.

camino por encima de la superficie sin pisar
el espacio traslúcido
una capa de vidrio transparente
que cubre todo
preservándolo de mis pies.

lo que hay más abajo se mueve
muy despacio
y me puedo quedar ahí
un día entero y sin cerrar los ojos

observando. 

tan de cerca
que desearía o gravitar
o flotar
para zambullirme de una vez
en lo inacabable.

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cuerpo entero
ponerse de pie
desfragmentarse.

abrir la canilla
vaciar
el envase
y llenar el cuerpo.

un sentir pleno

llenar el envase
dar amor
desinteresado

plenitud.

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fragilidad que cae
finita y constante,
dosificada.

los muertos vivos
y los que deciden hacerlo mientras caminan
dejando el cuerpo vulnerable
apuntándolo a los golpes

no hay luz en lo profundo
lo que absorbe rebota más fuerte
devolviendo estallidos
rápidos, y agudos.

los miedos encerrados bajo llave están
pidiendo su forma de nuevo.

evitar el miedo
no tenerlo
(no tengas miedo)
de tener
la vista privilegiada

o hielo en las heridas
quemando de a poco
despacito.

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la tiniebla de su voz esparce 
  y me muestra la grieta
de su cabeza
de tierras suspendidas en el aire
una vez más

yo navego hacía el centro
donde el infinito corre
y donde ya no hay peces en el agua.

el lugar vacío que deja
es donde dibuja para borrar
para tachar el momento,
donde muere lo bello
y donde lo fantástico se libera

porque el juego que creía ganado
lo lleva a un lugar
sin forma
sin carne
y sin dolor

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una vuelta, otra, y otra vuelta.
(desmaterializarme)
llegar a todos los castillos que construis,
y limpiarlos, y lavarlos a escondidas
cuidarlos de tus palabras
que a veces no entiendo si son eso
o si son, lo contrario a lo que sentís.

no quiero tener un lindo recuerdo tuyo
honestamente, llegué al límite
prefiero que me rompas el corazón de una buena vez. 

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el día está precioso porque hay sol, pero sigue siendo invierno y el viento que corre es suave y fresco. 

cama elástica, salto con los pies descalzos y el pelo suelto se mueve en tiempo y forma contraria a la de mi cuerpo. 

cierro los ojos y adentro de mi cabeza es de noche, pareciera haber fuegos artificiales, o luces en círculos que se mueven haciendo dibujos fluorescentes que no veo por primera vez y que eventualmente se desvanecen. me viene el recuerdo de ser chica, y de estar con mi hermano más grande (me lleva 15 años de diferencia). cuando yo tenía 6, y él 21, solía llevarnos a mí y a una de mis hermanas a una cama elástica que quedaba cerca de casa. no había nada más divertido que eso. saltar y saltar por horas, caer sentada y volver a saltar, tirar las piernas para arriba, hacer formas con el cuerpo y espiar la sombra proyectándose sobre el piso.

sentir esa liviandad brutal, porque no importa nada ni nadie cuando estás saltando. caer y rebotar, y sonreir y seguir sonriendo. 

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