La fuerza  para levantar
el peso muerto
está en la energía de la cabeza
y en la presión de las venas para calentar la sangre;
se está volcando, atrás de las orejas
y se está cayendo
por los vórtices-vértices aplacados bajo esa cortina violeta
transparente de humo espeso, magia
que produce cada vocablo de tu boca a mi espalda, golpeándome
cuando es de noche clarita
y estamos solos, acariciándonos,
o cuando te miro
y silenciosamente pienso: ojalá que nunca se termine de vos.  

Notes