La avenida y su fin. El precipicio. Llegamos al bosque con los pies. Y tomamos el mismo valium que ennegreció la noche. Nos metimos dentro. Nos tatuamos la oscuridad en las córneas y deshicimos las vértebras de un soplido. Lo instantáneo transforma lo previsible en mágico, y nos agrada tanto hasta desaparecer. 

Notes