admiro la quietud del cielo.

cuando las estrellas se extinguen
igual percibimos su luz
y las vemos
con los ojos despiertos
y la mirada sensible.

las creemos reales
y las contemplamos post mortum
las sentimos bellas
(más que nunca)
(más que siempre)

algunas (inusualmente bellas)
irradian más luz que lo habitual.
nos conmocionan y concentran
hasta el punto en el que podemos
apagar con la cabeza
la luz de la ciudad.